Después de un día muy cansado Fabi se acostó en el
suelo mientras una mariposa volaba sobre su cabeza, era tan fascinante ver a un
ser tan pequeño volar con tanta ligereza que le hizo pensar en cómo sería
volar, tener miles de colores y el sin fin de ojos impresos en cada una de sus
alas.
Soñaba con cambiar sus brazos por gigantescas alas,
volar por los aires y al regresar preparar pasteles de frutas, insectos y
bichos raros del jardín, el simple hecho de pensar en ello le hizo soltarse una
carcajada, tal fue el estruendo que comenzó a sentir sobre su lengua una a una
las pisadas de hormigas azules dejando impregnado el sabor a fresa en cada paso
que daban.
Entusiasmada por la idea decidió dibujar todo lo que
había imaginado y comenzó a dibujar mariposas grandes, pequeñas, con muchos
colores, invisibles, gordas y flacas, bonitas y feas, eran tantas que no cabían en su cuaderno
tanto que las paginas lentamente iban inflándose hasta que explotaron en miles
de mariposas girando alrededor de ella cubriéndola por completo dejando al
descubierto solo parte de sus zapatos.
Fabi corrió por todos lados para juntarlas y que no
escaparan pero es demasiado difícil mantener inmóvil algo que está destinado a ser libre, sobre
todo si tiene ojos en sus alas.
Sin embargo, cuando al fin consiguió conservarlas
juntas, formaron un perfecto circulo que se partió en dos sobre su espalda
despegando poco a poco sus pies del suelo… y comenzó a volar…
Con las alas puestas, las mariposas la sacaron por la
ventana con dirección al océano sintiendo
como las gotas de agua salada se transformaban en peces transparentes
con palpitantes corazones de un azul tan profundo como el mar, que de cuando en
vez mordían los dedos de sus pies comiendo parte de su recorrido en tierra
firme.
Del mar se elevó en espiral al sol, como un torpedo
atravesando las nubes más densas que pudo encontrar tan densas que al salir era
inevitable no portar un elegante sombrero y bigotes de algodón blanco acuoso, era
tan suave y frio que simulaba un helado de vainilla, -es curioso- pensaba,
que los rayos que caen del cielo puedan saber a vainilla- pero luego de probarlos le pareció curioso
que helados de vainilla caían del cielo mientras ella comía un trueno.
Atravesó lo aires y descanso sobre hojas secas de un
gigantesco bosque en donde a su lejanía se escuchaba un sonido de trompeta y
saxofón. El eco guio sus pasos moviendo sus pequeños hombros en dirección a la
música, quito un par de telarañas, enredaderas y plantas del camino y descubrió
algo verdaderamente increíble… gigantes elefantes rosas bailando en dos patas,
con sus trompas elevadísimas sacando tonos graves, agudos y otros que no sabían
en cual catalogarse, pero lo que era cierto era que realmente sanaban.
Los demás elefantes bailaban al ritmo del jazz de sus
trompa-trompetas con un leve movimiento de caderas agarrados de sus colas como siguiendo estrellas y agarrados de sus
trompas otros como saludando a la mañana.
Era tan buen sitio que decidió unirse a la ocasión y
ser parte de la celebración, voló de elefante en elefante, salto de flor en
flor y tan así de pronto como solían suceder las cosas últimamente y sin darse
cuenta la luna despidió al sol con su carcajada que expulsa estrellas, y cayo la
noche quedando en oscuridad total imposibilitándole el camino de regreso a
casa, si bien todos sabemos que las mariposas no ven bien de noche o al menos
aquellas que tienen ojos en sus espaldas.
Fabi se sentó en una piedra que de pronto comenzó a
moverse, -que extraño! Ahora las mariposas cambiaron sus alas por pies para
llevarme de nuevo a casa- dijo- mientras de la piedra salía una arrugada cabeza
diciendo – niña quítate de mi espalda, no ves que pesas como mil mariposas
gordas!- Fabi se levantó avergonzada pero sin dejarse de preocupar ni un
segundo, ella le comentó de lo sucedido mientras poco a poco la piedra que
parecía tortuga o la tortuga que parecía piedra se escondía su cabeza hasta que
sin dar explicaciones desapareció.
-como quisiera tener a mi muñeca coco- exclamo la
niña, mientras que de la oscuridad vio acercarse una inmensa luz, un elefante rosa el más brillante de
todos se acercó a ella le sonrió y de su
trompa salieron miles de luciérnagas solo para alumbrar su camino.
Al llegar una a una las mariposas fueron
desenredándose de la espalada de la pequeña creando con el aleteo de sus
extrañas y hermosas alas una dulce y suave melodía que arrullaron a Fabi que
lentamente cayo en profundo sueño…
Fabi, Fabi, te quedaste dormida – dijo su amiga – y no
has ni comenzado el cuento!
-
No hay problema – exclamo la pequeña
–tengo una gran idea, dijo mientras veía que en una de las páginas de su
cuaderno reposaba una mariposa con ojos en las alas.
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