martes, 30 de julio de 2013

El tiempo corre con pies de gato y cabeza de pescado



Mi nombre es mor. O más bien me llamo mor. Pues nadie aparte de mí me llama por ese nombre Al menos que yo lo recuerde en estos últimos tres segundos… he decidido escribir pues no habrá otra manera de recordar que es lo que hice  o lo que hare mañana… me he levantado y lavado el rostro, pues no sé qué tipo de hábitos he tenido, al parecer unos no muy buenos, me he levantado y he seguido a un animal tan pequeño que bien cabe en mi oreja, lo  he encontrado en el camino, pues bien alguien debe de saber algo más de lo que sabe la extraña mor por acá… pasamos cerca de un par de personas que gritan con los ojos,  al lado de otra que se inflan con pajillas y en medio de otros que se golpean con los labios, al cruzar la calle mi pequeño amigo se esconde  entre las rendijas de la alcantarilla… Lo espere un poco más de lo que podía anotar en una página y media y no salió, quizá es el final de nuestro recorrido juntos, es tiempo de caminar por mi cuenta…
… el espacio es parte de otro espacio en otro espacio que termina en un espacio que comienza de otro espacio… (Crack) -se quebró la punta del lápiz…
Miro a mí alrededor, y solo logro ver a una anciana con un nudo en la cabeza y otro en su espalda
– ¿disculpe tiene otro lápiz?- le dije con una sonrisa mientras mi ojo izquierdo se empequeñecía cada vez más y otro poco más, hasta que ella acabó con el silencio.
-“Los minutos corren con pies de gato y cabezas de pescado”-, me dijo, le pregunte qué escribía mientras observaba el cuaderno que tenía entre sus piernas, muy parecido al mío, me miró de reojo y mientras lo escondía me dijo   -pues comiendo recuerdos mientras vomito un par de ideas, deberías de hacer lo mismo-.
  Se levantó, Y así se fue, dejándome con millones de dudas, con una necesidad terrible de saber más mientras la veía perderse entre la multitud y un par de palomas gordísimas que volaban en espiral.
Sus palabras, su presencia, su ser entero me causo una extraña sensación de anhelo, de un no sé qué, a pesar de no conocerla me era muy familiar, muy cercana, por un momento sentí recordarla, pero como no tenía mi lápiz listo no supe al final que era y luego como es ya muy usual en los últimos tres segundos, lo olvidé.
de pronto  escuche un leve susurro que atravesó mis oídos como miles de lenguas rugosas entre los maullidos de unos gatos  rosa alborotando cada uno de mis sentidos, hipnotizándome con sus  grandes ojos  fuera de órbita, saltando de tres en tres dejando pisadas rosas entre mis neuronas.
Era un gato, un pez,  todos como en huracán, transportados en un mismo trueno y recordé las palabras de la anciana,  mientras en  aguas turbulentas bogaban cabezas de un par de muñecas extremadamente viejas al parecer alguien las olvidó en la nevera, porque estaban muy frías.
- bueno… hola, no me he presentado aún, porque ni siquiera sé mi nombre, aunque podrías ser la primera en llamarme Mor, por cierto me alegra que estés acá, quise seguir hablando sobre el tiempo entre otras cosas pero te perdiste entre la multitud.
Dirigió su mirada hacia mí y dijo- ¿no recuerdas nada?
-Sabré al menos que existo porque mis manos respiran el color de las nubes, sé que existo porque mis ojos saborean el crujir de unos dedos que se aferran a los míos, pero no recuerdo el olor del palpitar de un recuerdo, ni siquiera si el recuerdo tendrá algún aroma.
- a veces es mejor no recordar… -Deja de sufrir por estupideces y aférrate al aroma de mis manos sutiles de eternidad, no existe mayor fascinación que el saberse eterno.
-¿eterno?… me gustaría ser un instante y recordar cada detalle, cada aroma, cada mirada, cada caricia, cada segundo que construyó una carcajada en los ojos del gato que se reflejan en la noche cuando la luna menguante aparece en el horizonte de unos ojos  que desconozco aun.
-              entonces tu presente será tu más hermoso recuerdo
-              ¡Pero no recuerdo nada! Eso no cambia, ni me llevara a ninguna parte,  todo es frio y aun llueven caracoles salpicando mi rostro como falsas estrellas fugaces y siempre surge una necesidad no sé de qué pero luego la olvido pero sé que existe porque se transforma en una intranquilidad incontrolable.
 Tú, pez, gato, pájaro, señora  quien quiera que seas  dime al menos si existo o si solo soy un recuerdo de una mente que busca sin saber si quiera que sea lo que necesita. Y si es a mí a quien necesita como sabré llegar, hasta donde mis pies puedan posarse en vigilia y admirar ese cuerpo que respira invocando mi nombre
El gato, el pez, miles de ojos, miran exorbitados a Mor a través de los ojos de la anciana, como miles de moléculas epilépticas, siguiendo el curso del viento, ignorando sus palabras, mientras las rocas vuelan como mariposas sin rumbo posándose sobre su larga cabellera blanca y las ratas corren sobre sus pies.
-        sabes es muy difícil persuadir en una mente que no sabe respirar más que sus propias palabras… el caos de tu mente no deja que recuerdes lo que verdaderamente necesitas recordar, anda y grita a la oscuridad y que el eco te responda todo lo que quieras saber, anda y grita como loca porque yo no pronunciare palabra.
De repente miles de ecos retumban como una sinfonía de colores, entre espinas de pescado y piedras parasitas giratorias que saltaban impulsadas como torpedos hacia sus cabezas directo hacia el rostro de Mor explotando en cámara lenta mientras que por el suelo rodaron sus ojos dejando al descubierto dos agujeros cálidamente rosáceos.
-Las paredes respiran, el suelo respira, las personas respiran todo el tiempo, el tiempo respira… decía la anciana levemente ensimismada mientras que de los ojos de Mor salía un líquido amarillento haciendo un breve recorrido en su rostro.
Con sus dedos, Mor comenzó a recorrer el cuerpo de ese ser extraño pasando por su pecho, su largo cuello, con el dedo índice recorrió sus labios mientras que con sus labios besó sus parpados y así con la calidez que solo ella conocía suavemente acarició su sexo  hasta que sin darse cuenta con la punta de su lengua, que se estiraba cada vez más y un poco más, hasta que lentamente sacó sus ojos, colocándolos en su mano izquierda, bajando hasta el hueco de su antebrazo y de regreso hasta la palma de sus suaves y delicadas manos los tiro hacia su otra mano para luego ubicarlos en los espacios vacíos de su rostro… 
Miles de hormigas invaden su cuerpo, su tersa piel se eriza, su mente parece hacer corto circuito, las imágenes chocan como en un cuarto blanco proyectando un silencio sonoro, vomitando imágenes por cada rincón, se escucha a la lejanía un grito( MOR), cabellos alborotados, el viento acariciando sus pechos, el dulce olor a recuerdo y una gota  de sudor recorriendo cada lunar de su espalda, carcajadas, besos con sabor a esperanza, y una  bala que atraviesa el vaso de agua, un leve temblor de piernas, y una tibia sensación desde su tercer ojo hasta su sexo, mientras que de sus manos crecen rosas blancas, sonando una y mil veces la canción que baila en su cabeza, y los pájaros que salen de sus labios, las miradas que salen de su boca… todo como una línea inflamable que recorre su cuerpo
Mor nuevamente respira el caos de su mente, mor nuevamente está en casa…
-Lo he recordado todo,  mi nombre ya no es Mor y eso ya no importa, es tarde y debo seguir.

Breve descripcion de un breve momento

Extraña pero no lo suficientemente extraña
con la mirada inusual de buscar siempre lo menos indicado
un pájaro en la cabeza
y un montón de tripas de pescado para abrigar su largo cuello...


jueves, 25 de julio de 2013

...



Te llamare esperanza porque es un buen nombre para alguien que sonríe sin dientes
Esperanza como los insectos que rasguñan las plastas de mis pies
Esperanza que camina sobre mi espalda y muerde mi oreja
Aquella que sube y recorre los espacios en blanco
La que juega con la sombra y la luz que atraviesa mis dedos
Aquella que sonríe y se esconde
Mientras te caes yo me escondo…
Esperanza…
Abrázame tan fuerte hasta que explote  y regrésame mi infancia
Haz que desaparezca y vuelva a nacer
Sonríe junto a mí y gritemos tu nombre en las entrañas
Y sonriamos juntos después que pase la tormenta.

domingo, 14 de julio de 2013

Faby y las mariposas



Después de un día muy cansado Fabi se acostó en el suelo mientras una mariposa volaba sobre su cabeza, era tan fascinante ver a un ser tan pequeño volar con tanta ligereza que le hizo pensar en cómo sería volar, tener miles de colores y el sin fin de ojos impresos en cada una de sus alas.
Soñaba con cambiar sus brazos por gigantescas alas, volar por los aires y al regresar preparar pasteles de frutas, insectos y bichos raros del jardín, el simple hecho de pensar en ello le hizo soltarse una carcajada, tal fue el estruendo que comenzó a sentir sobre su lengua una a una las pisadas de hormigas azules dejando impregnado el sabor a fresa en cada paso que daban.
Entusiasmada por la idea decidió dibujar todo lo que había imaginado y comenzó a dibujar mariposas grandes, pequeñas, con muchos colores, invisibles, gordas y flacas, bonitas y feas,  eran tantas que no cabían en su cuaderno tanto que las paginas lentamente iban inflándose hasta que explotaron en miles de mariposas girando alrededor de ella cubriéndola por completo dejando al descubierto solo parte de sus zapatos.
Fabi corrió por todos lados para juntarlas y que no escaparan pero es demasiado difícil mantener inmóvil  algo que está destinado a ser libre, sobre todo si tiene ojos en sus alas.
Sin embargo, cuando al fin consiguió conservarlas juntas, formaron un perfecto circulo que se partió en dos sobre su espalda despegando poco a poco sus pies del suelo… y comenzó a volar…
Con las alas puestas, las mariposas la sacaron por la ventana con dirección al océano sintiendo  como las gotas de agua salada se transformaban en peces transparentes con palpitantes corazones de un azul tan profundo como el mar, que de cuando en vez mordían los dedos de sus pies comiendo parte de su recorrido en tierra firme.
Del mar se elevó en espiral al sol, como un torpedo atravesando las nubes más densas que pudo encontrar tan densas que al salir era inevitable no portar un elegante sombrero y bigotes de algodón blanco acuoso, era tan suave y frio que simulaba un helado de vainilla, -es curioso-  pensaba,  que los rayos que caen del cielo puedan saber a vainilla-  pero luego de probarlos le pareció curioso que helados de vainilla caían del cielo mientras ella comía un trueno. 
Atravesó lo aires y descanso sobre hojas secas de un gigantesco bosque en donde a su lejanía se escuchaba un sonido de trompeta y saxofón. El eco guio sus pasos moviendo sus pequeños hombros en dirección a la música, quito un par de telarañas, enredaderas y plantas del camino y descubrió algo verdaderamente increíble… gigantes elefantes rosas bailando en dos patas, con sus trompas elevadísimas sacando tonos graves, agudos y otros que no sabían en cual catalogarse, pero lo que era cierto era que realmente sanaban. 
Los demás elefantes bailaban al ritmo del jazz de sus trompa-trompetas con un leve movimiento de caderas agarrados de sus colas  como siguiendo estrellas y agarrados de sus trompas otros como saludando a la mañana.
Era tan buen sitio que decidió unirse a la ocasión y ser parte de la celebración, voló de elefante en elefante, salto de flor en flor y tan así de pronto como solían suceder las cosas últimamente y sin darse cuenta la luna despidió al sol con su carcajada que expulsa estrellas, y cayo la noche quedando en oscuridad total imposibilitándole el camino de regreso a casa, si bien todos sabemos que las mariposas no ven bien de noche o al menos aquellas que tienen ojos en sus espaldas.
Fabi se sentó en una piedra que de pronto comenzó a moverse, -que extraño! Ahora las mariposas cambiaron sus alas por pies para llevarme de nuevo a casa- dijo- mientras de la piedra salía una arrugada cabeza diciendo – niña quítate de mi espalda, no ves que pesas como mil mariposas gordas!- Fabi se levantó avergonzada pero sin dejarse de preocupar ni un segundo, ella le comentó de lo sucedido mientras poco a poco la piedra que parecía tortuga o la tortuga que parecía piedra se escondía su cabeza hasta que sin dar explicaciones desapareció.
-como quisiera tener a mi muñeca coco- exclamo la niña, mientras que de la oscuridad vio acercarse una inmensa luz,  un elefante rosa el más brillante de todos  se acercó a ella le sonrió y de su trompa salieron miles de luciérnagas solo para alumbrar su camino.
Al llegar una a una las mariposas fueron desenredándose de la espalada de la pequeña creando con el aleteo de sus extrañas y hermosas alas una dulce y suave melodía que arrullaron a Fabi que lentamente cayo en profundo sueño…
Fabi, Fabi, te quedaste dormida – dijo su amiga – y no has ni comenzado el cuento!
-        No hay problema – exclamo la pequeña –tengo una gran idea, dijo mientras veía que en una de las páginas de su cuaderno reposaba una mariposa con ojos en las alas.